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“EL HIJO AMADO DEL PADRE”. (Mc 9,2-10).

Enviado por Catedral de Apatzingan el sábado, 28 de febrero de 2015 | 16:57

 
 
“Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios,
 es el único Señor”. (Dt 6, 4).

Pbro. Lic. Salvador M. González M.

 Después de que Jesús ha sido reconocido por sus discípulos como el Mesías (8,29ss) y él se ha revelado como el Mesías en la línea del siervo de Dios sufriente y manifestado las exigencias de su seguimiento (8,34ss); Marcos coloca el relato de la transfiguración donde, nuevamente, presenta a Jesús como el Hijo amado del Padre. La primera vez fue el día de su bautismo en el capítulo 1,11.

 Jesús aparece conversando con los máximos representantes del judaísmo: Moisés, el gran legislador y Elías, el profeta de fuego. Los discípulos extasiados contemplan la gloria de Jesús. Es tan gozosa la experiencia que no quieren interrumpirla y por eso Pedro sugiere prolongarla por mas tiempo: “hagamos tres tiendas...”

Jesús no es presentado ni como un nuevo Moisés, ni como un Elías vuelto a la vida, ni siquiera como Mesías. Jesús es algo más. Es el Hijo amado del Padre y en esto se basa la orden que se nos da: Escúchenlo. Pedro lo había reconocido como Mesías y ahora lo contempla como el “Hijo amado del Padre”.

En el capítulo 6 del libro del Deuteronomio Moisés ordena al pueblo escuchar los mandamientos que el Señor, su Dios, le había dado. Escuchar es sinónimo de guardar, hacer y poner por obra lo que Dios manda: “Guardarás los preceptos del Señor, tu Dios, las normas y mandatos que te ordenó. Harás lo que el Señor, tu Dios, aprueba y da por bueno” (Dt 6,17-18).

Por tanto, escuchar a Jesús es poner por obra lo que él nos ha mandado y enseñado (Cfr. Mt 28,19), es decir, amar a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos; es más, debemos amar incluso a nuestros enemigos y rezar por los que nos persiguen; desterrar de nuestro corazón todo odio y rencor y estar dispuestos a perdonar siempre; ser misericordiosos como nuestro Padre celestial es misericordioso; no juzgar ni condenar; no jurar nunca porque el cristiano dice sí cuando es sí y no cuando es no, Etc.

La orden del Padre es categórica: “Escúchenlo”. En este año de la vida consagrada y muy especialmente en este tiempo de cuaresma, el llamado a la conversión es más urgente. El mandato del Padre Dios llega a nosotros como una exigencia: debemos tratar de normar nuestra vida de acuerdo a las enseñanzas de Jesús: “¡Escúchenlo!”.
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