Inicio » , » II LUNES DE ADVIENTO. LA INMACULADA CONCEPCIÓN. (Gn 3, 9-15. 20; Sal 97; Ef 1, 3-6. 11-12; Lc 1, 26-38).

II LUNES DE ADVIENTO. LA INMACULADA CONCEPCIÓN. (Gn 3, 9-15. 20; Sal 97; Ef 1, 3-6. 11-12; Lc 1, 26-38).

Enviado por Catedral de Apatzingan el domingo, 7 de diciembre de 2014 | 18:32

 
 
P. Ángel Moreno de Buenafuente.

PREGUNTAS EXISTENCIALES
En la Biblia hay textos asertivos, acerca de los que no cabe discusión ni excusa, pues revelan de manera contundente la verdad y afirman lo que está conforme con la voluntad divina. Pero hay otros que son abiertos, y dejan que intervenga la interpretación o provocan cuestiones que no se pueden soslayar.

No olvides la elección que ha hecho la liturgia del texto del Génesis y de la Anunciación, al celebrar el día en que Dios comienza la cuenta atrás para redimirnos del pecado y de la muerte, como fue la Concepción Inmaculada de María.

Sorprende que el relato de la creación esté hecho en forma abierta; por ello, cabe personalizar el mensaje, si se asumen las preguntas y se responde con sinceridad. Observa cómo destaca la iniciativa de Dios de acercarse al ser humano, a pesar de que éste ha decidido algo contario a la voluntad divina: “Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre”.

Pocas preguntas más directas y que llevan a darse cuenta por dónde se camina, como la que el Señor hace a Adán: -«¿Dónde estás?» Háztela tú mismo. Plantéate, cómo sugerida por el Espíritu, en lo más profundo de tu conciencia, la cuestión sobre tu localización, no solo externa, geográfica, sino interior. ¿En qué piensas? ¿Qué deseas? ¿Dónde estás?

Es posible que no resistas fácilmente la pregunta, por percibirte sin defensa, como se sintió Adán. Pero esto supone un posible punto de partida. A veces hay que llegar al mayor despojo, para iniciar la recuperación interior. -«¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»

Ya no se puede parar, y como catarata, sucede una serie de acontecimientos: -«¿Qué es lo que has hecho?»” (Gn 3, 9.) Responde con sinceridad.

Y observa que en el texto del evangelio de san Lucas, quien pregunta a Dios es la joven nazarena. “María dijo al ángel: -«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»” Sin duda, es un paso sobrecogedor el que representa a la Virgen preguntando al ángel. Dios desea el diálogo, lo provoca y lo espera, y a diferencia del ser humano, siempre responderá de manera comprometida.

Santa Teresa comenta: “Acuérdome cuando el ángel dijo a la Virgen sacratísima, Señora nuestra: La virtud del muy alto os hará sombra. ¡Qué amparada se ve un alma, cuando el Señor la pone en esta grandeza! Con razón se puede asentar y asegurar” (Los “Conceptos del Amor de Dios” 5, 2).
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